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El 10 de diciembre es el Día Internacional de los Derechos Humanos y la elección de la fecha no es casual.

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, piedra fundacional de la moderna ciencia de los derechos humanos y del Derecho Internacional sobre la materia. Esa proclama se constituyo como el ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a derechos y libertades iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, y aseguraren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos.

Hoy a 27 años la de recuperación democrática y cumpliendo otro aniversario de la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner,
con esa proclama como bandera seguimos construyendo el país que soñaron los 30.000 detenidos- desaparecidos, junto a toda su generación. Y ahora somos nosotros, como juventud, la fuerza dinamizadora que debe llevar a cabo estas trasformaciones sociales asumiendo el “ME QUIERO METER” que nos dejo como legado Néstor Kirchner, dejando atrás el “NO TE METAS” con el que nos quisieron desideologizar en décadas anteriores.

Para lograr esto debemos seguir por este camino iniciado en el 2003 exigiendo juicio y reclusión perpetua en cárceles comunes a los genocidas, cómplices e ideólogos, y restitución de la identidad de los más de 400 chicos apropiados por el terrorismo de Estado.

Desde La Quinquenal en La Cámpora proponemos que se construya un Aula de la Memoria en nuestra Facultad de Ciencias Económicas, para que cada vez que un estudiante ingrese a nuestra la facultad lo haga conciente de que el pasado es presente, y para que NUNCA MÁS en nuestro país se repitan las atrocidades del terrorismo de Estado.


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Presupuesto 2011: El símbolo de la decadencia política


Durante estos días, el pueblo argentino ha asistido con estupor a la desvergüenza con la que se maneja un grupo de la oposición política nacional hacia el tratamiento de la ley de presupuesto nacional. Es ésta, denominada ley de leyes, la encargada de fijar los ingresos y gastos del sector público en base a las políticas económicas delineadas por el gobierno. Es importante recordarle a los “defensores de las instituciones” que nuestra Nación esta regida por una constitución presidencialista, que le otorga en cuerpo y espíritu la confección del presupuesto a la Presidenta Coraje de todos los argentinos.


Lamentablemente, la oposición actual nos tiene acostumbrados a repetir sistemáticamente en el corto plazo prácticas legislativas bochornosas de este calibre: su ausencia en la votación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, previo lobby tremendo del Grupo Clarín; la conformación de comisiones legislativas en números totalmente irrisorios de representatividad; votación a favor de la Ley de Quiebra del Estado, la que obligaba desprenderse de mas de 60 mil millones de pesos en activos al Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS en solo treinta días, al mismo tiempo que representaba una erogación de similar calibre en concepto de salarios previsionales sin una sola mención acerca del origen de dichos fondos. Después de haber reconocido como perdida la votación, acontece lo inexplicable: denuncias de sobornos sin plata de por medio, acusaciones de mensajes mandados sin tan siquiera la exposición de alguno, diputadas que denuncian operaciones políticas pero se muestran renuentes a nombrar a los denunciados por “valoración personal”, diputados que se prestan a su propia humillación en manos de pseudo-periodistas que juegan a ser Patti o Camps, hasta la denuncia de una Banelco por parte de Patricia Bullrich (la misma que se enorgullece de su trabajo en el gobierno de De la Rúa, quien fue el pagador de la Banelco).


Si detuviésemos el análisis en las peripecias de estos diputados elegidos en el 2009 (el voto castigo no fue a Kirchner sino a la sociedad en su conjunto), fallaríamos en el análisis de fondo. Esta operación política burdamente orquestada por el CEO de Clarín y perpetuada por su puntera de moda, la otrora dirigente radical Lilita Carrió, apunta a un flanco que se encuentra en composición: la participación política. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Miremos. Observemos. La operación de mostrar que el kirchnerismo no puede vivir sin su creador es tan alevosa que ni siquiera merece una sola palabra más. Pero miremos más allá y corramos el velo de las suspicacias. Estas cuasi-denuncias de corrupción tienen como objetivo mostrar al oficialismo como representación de la vieja política que opera a través de sobres, presiones, negociaciones en la oscuridad, a espaldas del pueblo que se arrojo masivamente en las calles a llorar a su líder político, pero también a poner fin a su comodidad de living para salir a unirse a esa masa que se encontraba en franca avanzada y que tanto resquemor produce en la reacción, la militancia.


“La sociedad argentina en lo que parece ser un signo trágico de la última década, contempla la deserción de su dirigencia política. Esta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural y moral que demanda la hora, cambio es el nombre del futuro”. Con esas palabras, Néstor Kirchner asumió la presidencia en el 2003. Podríamos tranquilizarnos viendo sus lamentables intentonas desde sus bancas opositoras. Aunque es nuestro deber como militantes de su causa, de NUESTRA causa, escapar a las operaciones políticas mezquinas implementadas por los conglomerados económicos que fueron partícipes de nuestra debacle como Nación e intuyen la populosa juventud que está dispuesta a tomar las banderas de la causa nacional y popular y llevarlas flameando hasta la victoria.

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DISCURSO DE PERON, FRENTE A MAS DE DOS MILLONES DE TRABAJADORES QUE RECLAMBAN SU LIBERACION EN LA HISTORICA PLAZA DE MAYO El 17 de octubre de 1945


“Trabajadores: hace casi dos años dije desde estos mismos balcones que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor al que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino. Dejo el sagrado y honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria. Por eso doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal de la Patria: el Ejército. Y doy también el primer abrazo a esa masa grandiosa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la Patria. Es el mismo pueblo que en esta histórica plaza pidió frente al Congreso que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda estremecer a este pueblo, grandioso en sentimiento y en número. Esta verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha, ahora también, para pedir a sus funcionarios que cumplan con su deber para llegar al derecho del verdadero pueblo. Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria. Hace dos años pedí confianza. Muchas veces me dijeron que ese pueblo a quien yo sacrificara mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien lo ayuda. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla profundamente en mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. (En ese instante, alguien cerca del balcón le gritó: ¡un abrazo para la vieja!) Perón le respondió: Que sea esta unidad indestructible e infinita, para que nuestro pueblo no solamente posea una unidad, sino para que también sepa dignamente defenderla. ¿Preguntan ustedes dónde estuve? ¡Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes! No quiero terminar sin lanzar mi recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones desde todas las extensiones de la Patria. Y ahora llega la hora, como siempre para vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro para ver coronada esa era que es la ambición de mi vida: que todos los trabajadores sean un poquito más felices. Ante tanta nueva insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden lo que hoy ya he olvidado. Porque los hombres que no son capaces de olvidar, ni merecen ser queridos y respetados por sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo. Dije que había llegado la hora del consejo, y recuerden trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa Patria, en la unidad de todos los argentinos. Iremos diariamente incorporando a esta hermosa masa en movimiento a cada uno de los tristes o descontentos, para que, mezclados a nosotros, tengan el mismo aspecto de masa hermosa y patriótica que son ustedes. Pido, también, a todos los trabajadores amigos que reciban con cariño éste mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que todos han tenido por este humilde hombre que hoy les habla. Por eso, hace poco les dije que los abrazaba como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido los mismos dolores y los mismos pensamientos que mi pobre vieja querida habrá sentido en estos días. Esperamos que los días que vengan sean de paz y construcción para la Nación. Sé que se habían anunciado movimientos obreros; ya ahora, en este momento, no existe ninguna causa para ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a su trabajo y piensen. Y hoy les pido que retornen tranquilos a sus casas, y esta única vez, ya que no se los puedo decir como secretario de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esa reunión de hombres que vienen del trabajo que son la esperanza más cara de la Patria. He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que antes de abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que entre todos hay numerosas mujeres obreras, que han de ser protegidas aquí y en la vida por los mismos obreros; y finalmente, recuerden que estoy un poco enfermo de cuidado y les pido que recuerden que necesito un descanso que me tomaré en el Chubut ahora, para reponer fuerzas y volver a luchar codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto si es preciso. Pido a todos que nos quedemos por lo menos quince minutos más reunidos, porque quiero estar desde este sitio contemplando este espectáculo que me saca de la tristeza que he vivido en estos días.”



El supuesto "resultado de la lucha" es en realidad la voluntad del Estado Nacional de seguir privilegiando la Educación Pública.



Resulta francamente increíble que los estudiantes que tomaron durante 44 días la Facultad de Sociales consideren un "triunfo de la lucha" aquello que no fue producto ni de la toma de la facultad, y mucho menos de la violenta ocupación del Ministerio de Educación de todos los argentinos. El supuesto "resultado de la lucha", fue ni más ni menos que lo que los estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales tuvimos desde un principio y que es el compromiso del Estado Nacional de garantizar la continuación de la obra del edificio único de la calle Santiago del Estero y cumplir así con la tercera y última etapa de la obra, tal como se encontraba previsto. Cabe resaltar que en este edificio para la Facultad de Sociales el Estado Nacional lleva invertidos más de $27 millones y la última etapa de su construcción demandará la inversión de aproximadamente $54 millones más.

No nos olvidemos que fue y es el Estado Nacional, a través de sus Ministerios de Planificación y Educación, el que garantizó los fondos necesarios para la finalización de la segunda etapa de la obra, que va a permitir que las carreras de Ciencia Política y Ciencias de la Comunicación inicien el ciclo lectivo 2011 en la nueva sede del barrio de Constitución y quien va a garantizar que la tercera y última etapa de la obra se inicie también a principios del 2011, para que el edificio pueda albergar también a las carreras de Sociología y Relaciones del Trabajo.

Lo que tienen en sus manos los distintos partidos de izquierda agrupados en la presidencia de la FUBA es un puñado de espejitos de colores con los que piensan justificar ante sus compañeros y el resto de los estudiantes de la Facultad de Sociales lo injustificable: 44 días de toma sin sentido y la delirante ocupación del Ministerio de Educación de la Nación, reiteramos, para supuestamente obtener lo que ya teníamos.

La Cámpora Universidad





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Lamentamos el acontecimiento de los últimos días que involucra al Secretario del Departamento de Economía y profesor de esta casa de estudios Nicolás Salvatore, el cual nos merece el más enérgico rechazo. Los episodios sucedidos (que incluyen insultos y ofensas de género a estudiantes) son el resultado de la conducta repudiable de un docente cuestionado, pero denotan y no pueden entenderse sin conocer la red de complicidades que aquejan al gobierno de la Facultad de Ciencias Económicas.

¿Cómo pueden ocurrir este tipo de maltratos en un aula entre un profesor y sus alumnos? ¿Como puede ser que las autoridades de la facultad no estén al tanto de las inconductas de Salvatore?¿Como es que todavía no fue sancionado? Las claves para responder estas preguntas se encuentran en lo más profundo de gobierno de la facultad.

Hoy en día existe una peligrosa connivencia institucional y política entre quienes gobiernan los claustros de docentes, graduados y estudiantes de esta casa de estudios. Esta situación amenaza seriamente la calidad democrática de la facultad. No solo pone en riesgo los mecanismos de pesos y contrapesos que el estatuto de la facultad dispone para las decisiones del gobierno, sino que también trae aparejada una real ausencia de representación entre los distintos actores de la vida académica y genera todo tipo de arbitrariedades contra quienes no forman parte de esta red de complicidades.

El conflicto de Salvatore esconde un profundo problema de asimetría de poder en la FCE. Situación que no solo se evidencia como en este caso entre alumnos y un profesor, sino que también se reproduce en el ámbito de las ideas. Mediante decisiones académicas, a través de la marginación de profesores y se refleja en la impronta de los planes de estudio. Es decir, no solo afecta el clima de respeto y tolerancia sino que también afecta directamente la calidad académica.

El mayor de los problemas es que no existe ninguna posibilidad institucional que pueda limitar este tipo de atropellos en la FCE. Aquellos que toman las decisiones de gobierno en la facultad, los representantes de los tres claustros, actúan en connivencia de acuerdo a intereses concurrentes. Son los mismos quienes provocan toda clase de arbitrariedades y quienes deberían impedirlo. Nicolás Salvatore es parte de esta enmarañada red de complicidades.

Hace algún tiempo atrás este mismo profesor fue fuente de discordia pero por otras circunstancias. Es de conocimiento público que Nicolás Salvatore es socio de la consultora Buenos Aires City, la cual elabora un índice de precios de dudosa consistencia técnica (se desconoce la metodología aplicada para elaborar este indicador y no posee equipos de encuestadores para construir un índice de precios consistente). Sin embargo no fue esta la fuente del conflicto, sino las dudosas intenciones de del mismo. En su muro de Facebook (perfil público) el 26 de abril a las 8.41 horas Salvatore público:

“Este gobierno termina con el mundial, es motivo de celebración. la inflación es un fuego santo, purificador, que incendiará a todo el kirchnerismo en la hoguera. Brindo por Phi (inflación esperada) esperado!! Y no solo brindo, me voy a encargar, como todos los meses, de que Phi esperado sea alto, muy alto, recontra alto, como diría el finado Guido Di Tella”.

Una cosa es cuestionar algunos indicadores del Indec y proponer mediciones alternativas, otra muy distinta es atentar contra la honestidad intelectual y la rigurosidad técnica.

Hoy en día el Secretario del Departamento de Economía y profesor Nicolas Salvatore se encuentra imputado de graves acusaciones de discriminación y maltrato. Enfrenta cargos por estos motivos en la FCE y en el INADI. Su estrategia de defensa es ensuciar la cancha y matar dos pájaros de un tiro. Intenta convertir dos defectos en una virtud. Su idea es hacer pasar un conflicto de gravedad institucional por un montaje organizado a partir de una presunta disputa política derivada de su controvertido índice de precios. Mezclando peras con manzanas intenta convertir a las victimas en victimarios. A través de su deshonestidad intelectual y su deficiencia académica busca salir impune de sus inconductas.

Desde la Quinquenal repudiamos los acontecimientos derivados del comportamiento del profesor Salvatore. Nos solidarizamos con las victimas de sus abusos y abogamos por una rápida y justa resolución. Esta clase de funcionarios no nos representan y nos alejan de los objetivos que entendemos que tiene que tener la Universidad, los cuales tienen que estar enfocados para aportar al desarrollo del país, formando profesionales, docentes e investigadores comprometidos con nuestra realidad para lograr consolidar una sociedad democrática, igualitaria y con justicia social.








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ECONOMIA › TEMAS DE DEBATE: QUE HACER FRENTE A LA INFLACION

Efectos colaterales y respuestas

Una de las críticas más difundidas contra el Gobierno es por un supuesto populismo que provoca inflación. Sin embargo, los autores señalan que la suba de precios es inherente al modelo y que se soluciona con más inversión.

Producción: Tomás Lukin


Incrementar la competitividad

Por Ivan Heyn y Esteban Kiper *

Uno de los pilares del proceso de crecimiento económico acelerado, diversificación productiva, reducción del desempleo y del empleo informal, mejora en los salarios reales y disminución de la pobreza e indigencia en la Argentina ha sido el sostenimiento de un tipo de cambio real competitivo y diferenciado. El éxito de este esquema macroeconómico radica en que permite balancear los desequilibrios propios de una estructura productiva heterogénea, desdoblando la evolución del salario en dólares de la trayectoria del salario real. Desde el boom de precios internacionales, la inflación pegó un salto, y la dinámica salarial comenzó a superar la tasa de depreciación del tipo de cambio nominal. Los salarios en dólares se están incrementando y, en consecuencia, la economía tiende a perder competitividad.

Las voces más difundidas atribuyen la responsabilidad del proceso inflacionario a la política fiscal o monetaria del gobierno nacional. Según estas miradas el proceso de crecimiento y el modelo económico podrían desplegarse con niveles mucho más bajos de inflación si no fuera por las inclinaciones populistas del Gobierno. La hipótesis de este artículo es que la inflación y cierta pérdida de competitividad son rasgos inherentes al modelo de desarrollo económico adoptado y que, en todo caso, si se pretende sostener el crecimiento acelerado y matizar los efectos colaterales, lo que se necesita es más y no menos gasto e intervención pública.

El sostenimiento de un tipo de cambio competitivo induce inflación por diversos factores. En primer lugar, al encarecer los bie-nes importados eleva el precio máximo que pueden fijar los productores nacionales de bienes transables. En segundo término, al promover la generación de empleo mejora el poder de negociación de los asalariados (sube salario real) y aumenta la masa salarial real (suba del salario real y sube el empleo). Los incrementos de los salarios en el marco de una estructura económica con importantes barreras a la entrada en muchos sectores (monopolios) tienden a trasladarse aunque sea parcialmente a precios. Por su parte, la suba de la masa salarial real, presiona sobre los precios de los bienes de oferta más inelástica, como los alimentos (carne, lácteos). Además el modelo, al volver más rentable la colocación de productos en los mercados externos, indujo que muchos productos que no se exportaban comiencen a venderse en terceros mercados, reduciendo su oferta doméstica y agravando los problemas generados por el rápido crecimiento de la demanda (cortes baratos a Rusia, frutas y verduras, etc.). Finalmente, el nuevo paquete tecnológico aplicado en el agro tendió a aumentar la incidencia de la soja en detrimento de otros cultivos, profundizando estas tensiones.

Estas presiones inflacionarias son inescindibles de los procesos de desarrollo. Corea del Sur tuvo un crecimiento de su renta per cápita del 7 por ciento anual durante 20 años entre los años ’60 y ’70 con una inflación promedio del 20 por ciento; y algo similar sucedió mientras tenía lugar el milagro brasileño. Cabe destacar que hasta el boom de precios de las commodities la economía no había perdido competitividad y la inflación se situaba en torno del dígito, a pesar de la trayectoria ascendente de salarios y gasto público. La mejora en los precios internacionales mostró que el objetivo de tipo de cambio real limita las posibilidades de absorber shocks de precios positivos, quedando como único instrumento el manejo de las alícuotas de retenciones, que por problemas de índole política no fue viable. De todos modos, la pérdida de competitividad no fue muy pronunciada porque nuestros socios comerciales reaccionaron ante el mismo shock apreciando el tipo de cambio nominal y dejando las paridades reales relativamente estables.

Hoy, las alternativas tradicionales frente a las potenciales pérdidas de competitividad que podría enfrentar la economía argentina en función de la dinámica salarial no parecen viables. Depreciar el tipo de cambio nominal no parece que pueda ser efectivo, porque desataría rápidamente reacomodamientos del resto de los precios de la economía. El manejo de las retenciones no parece viable políticamente. Entonces, la posibilidad de sostener en el tiempo la competitividad y diferenciación cambiaria dependerá de la capacidad del sector público de desarrollar novedosos instrumentos de intervención que permitan equilibrar la productividad/rentabilidad de los diversos sectores de la economía mediante créditos dirigidos, políticas comerciales activas o medidas para-arancelarias, incrementar la competitividad sistémica aumentando la inversión pública en infraestructura, el desarrollo tecnológico, la educación, o coordinar la distribución del ingreso para evitar que se intensifique la puja distributiva. Los países que lograron desarrollarse tardíamente superaron estos desafíos.

* Economistas de AEDA.


Una falsa dicotomía

Por Miguel Straffela y Juan M. Graña *

Para lograr una mejora en las condiciones de vida de los trabajadores elevando el salario real no alcanza con realizar un análisis recortado de la suba de precios, sino que es necesario comprender el marco en que ésta se desencadena. En otras palabras, es imprescindible analizar las bases del modelo económico inaugurado con la salida de la convertibilidad. El modelo actual se sostiene sobre dos pilares. Un tipo de cambio real competitivo, combinado con retenciones a las exportaciones de ciertos bienes, y una política de desendeudamiento. ¿Qué rol juega y en dónde radica la importancia de cada una de estas dos cuestiones?

Analicemos la primera. Dado que las empresas nacionales se caracterizan, en general, por tener una escala reducida en términos internacionales y, en consecuencia, un atraso en la productividad del trabajo que ponen en movimiento, presentan serias dificultades para competir a nivel mundial. Por ello se esgrime, recurrentemente, la necesidad de contar con un tipo de cambio alto para compensarlo, pedido cumplido con creces tras la devaluación de 2002. Ahora bien, resulta inevitable reconocer que el verdadero contenido de la devaluación fue una brutal caída de los salarios reales (cercana al 30 por ciento), reduciendo los costos laborales y aumentando la rentabilidad de las empresas, lo que impulsó la acumulación de capital a nivel interno.

La nueva paridad cambiaria determinó una subvaluación del peso, encareciendo adicionalmente la producción extranjera. Ambas cuestiones (caída del salario real y protección cambiaria) permiten que los capitales locales puedan competir, aun con una productividad baja. Adicionalmente, el Estado acompañó una progresiva, aunque lenta, política de recomposición salarial. Ante ese escenario, y como los bienes transables cotizan internacionalmente, el mantenimiento de un tipo de cambio alto genera las condiciones para un incremento de precios hasta que éstos coincidan con los internacionales traducidos en pesos. Adicionalmente, dado el margen de protección ante la competencia extranjera generado por la devaluación, resulta que el aumento de los salarios puede ser trasladado a precios sin necesidad de resignar márgenes de ganancia. De este modo se pone de relieve que el fenómeno inflacionario no es resultado de la suba del salario sino consecuencia necesaria del mantenimiento de un tipo de cambio alto para mantener en operación pequeños capitales poco productivos.

Así configurada, eventualmente esta estrategia de tipo de cambio competitivo presenta límites. En la medida en que se generalice el aumento de precios, el tipo de cambio real tiende a apreciarse, erosionando la protección cambiaria inicial: la competitividad se va diluyendo. Así se pone de relieve que la base sobre la cual se puede continuar acumulando capital en la Argentina es mediante la transferencia hacia estas empresas de dos fuentes extraordinarias de riqueza con el fin de compensar el atraso tecnológico: la renta de la tierra (que fluye hacia el país mediante la exportación de bienes primarios) y el salario real reducido.

Ante esta tendencia intrínseca al nuevo modelo, la política de desendeudamiento y acumulación de reservas llevada adelante por el gobierno permitió evitar la apreciación del tipo de cambio. Al obligar a los exportadores a vender sus divisas y luego recuperar con bonos los pesos emitidos para comprarlas, el Banco Central impidió, hasta cierto punto, que el valor del dólar cayera, al tiempo que acumuló una masa importante de reservas utilizadas en reiteradas oportunidades para cancelar deuda externa.

Asimismo, el aumento de la recaudación que se tradujo en importantes superávit fiscales permitió tomar medidas adicionales para contribuir con el sostenimiento de esas empresas: el otorgamiento directo de subsidios, fundamentalmente al transporte y la energía. Estos actúan abaratando la fuerza de trabajo, evitando que muchas salgan de producción.

El reconocimiento de la lógica de funcionamiento del modelo, entonces, lejos de impulsarnos a aceptar resignadamente la dicotomía entre inflación o desempleo, nos obliga a pensar en la necesidad de trascender este esquema para lograr superar los límites al aumento sostenido del salario real. La transferencia de riqueza (renta de la tierra) hacia los capitales industriales resulta necesaria, pero en el marco de esquemas orientados a la obtención de mejoras significativas en términos de productividad y en la calidad de los empleos generados, y no a ciegas. Es necesario pensar en la aplicación de políticas industriales que identifiquen dónde actúan estos capitales ineficientes y cuáles son, entre ellos, los que tienen algún potencial para incrementar su productividad. Así como evitar a la vez el cierre masivo de otras que ayuden a mantener altos niveles de empleo, pero teniendo como norte siempre una política que reconozca el problema estructural de nuestro país y busque solucionarlo.

* Economistas. Grupo para la Transformación Política de Izquierda.


http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-154282-2010-10-04.html

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Los estudiantes, docentes y graduados que adherimos a esta declaración queremos denunciar un hecho que consideramos de suma gravedad para la comunidad educativa de la FCE. El Secretario del Departamento de Economía, Nicolás Salvatore (miembro del CEDES), el pasado Jueves 9 de septiembre insultó verbalmente a 2 estudiantes y echó a una de ellas empujándola afuera del curso.

La denuncia excede el hecho puntual. Es reconocido por muchos estudiantes que han pasado por sus cursos de Macroeconomía I (sede Paternal) o de Mercado de Capitales (sede Córdoba) el maltrato y alusiones sexuales que tiene el docente hacia sus alumnas mujeres, y las amenazas a los que opina distinto a él. Queremos que este hecho sea el último por parte de este docente en la FCE.

Sabemos que muchos afectados no se han animado a realizar una denuncia formal por temor a represalias, pero desde las distintas organizaciones firmantes consideramos que esta situación se ha vuelto insostenible y decidimos tomar cartas en el asunto.

Por esto mismo, le exigimos al decano Alberto Barbieri y su Consejo Directivo que Nicolás Salvatore sea revocado de su cargo como Secretario del Departamento de Economía. Además, que se tome la medida cautelar de no permitirle dictar más clases en esta casa de estudios hasta que no sea sustanciado el Juicio Académico que se le debe iniciar.

Llamamos a todos los estudiantes, docentes y graduados a solidarizarse con esta denuncia. En particular convocamos a los/as estudiantes que hayan padecido de los abusos de este docente y quieran terminar con los atropellos de Salvatore en la FCE a una Asamblea de Económicas el Lunes 4 de Octubre a las 19 hs en la Rotonda para juntar las denuncias de todos los que estén dispuestos a hacerlo para lograr este objetivo. Muchos ya dijimos basta con esta gota que rebalsó el vaso, ahora tenemos que ser cada vez más los que nos animemos a hacerlo. Este reclamo trasciende las diferencias políticas que tenemos quienes adherimos a esta declaración; solo estamos defendiendo un derecho básico de los estudiantes: el de no padecer las insinuaciones sexuales y los abusos de poder de un docente.

Sin embargo, no podemos dejar de señalar por qué un sujeto así se sostiene en el cargo que ocupa. Responsabilizamos al Director del Departamento de Economía, Andrés López, y al decano, Alberto Barbieri, por la continuidad de Salvatore en sus funciones. También responsabilizamos a la conducción del Centro de Estudiantes, Nuevo Espacio, que no se pronuncia sobre el hecho y en lugar de ello lo promueve como director de su Escuela de Economía.

La permanencia como docente y autoridad del Departamento de Economía de un sujeto machista y autoritario como Salvatore sólo se podrá explicar por la complicidad de quienes lo sostienen con los acuerdos políticos que comparten.


Asamblea de Económicas

Lunes 4 a las 19hs en la Rotonda

Si nos querés hacer llegar tu denuncia, escribinos a: salvatoredenuncias@yahoo.com

Firmas:







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Por Alfredo Zaiat

La confusión y análisis binario que dominan el escenario de la disputa político-mediática exige, del mismo modo que se hace en varias películas que advierten al espectador que se trata de una historia verídica o que los personajes no tienen relación con la realidad, la siguiente aclaración:

La intervención del Gobierno en el Indec destruyó la mucha o poca credibilidad que tenía el Sistema Nacional de Estadísticas Públicas. A lo largo de más de tres años, desde el comienzo de la crisis (“Boomerang”, 4 de febrero de 2007, publicado en el suplemento económico Cash de este diario) se criticó en más de una oportunidad la forma de los cambios realizados en la organización de esa dependencia y los movimientos abruptos de personal técnico y administrativo. También se observó la ausencia de información sobre las modificaciones aplicadas en las metodologías para realizar los relevamientos estadísticos, la interrupción de la difusión de la Encuesta Permanente de Hogares (“Información Pública”, publicado el 11 de abril de 2009, en base a un documento del Cels. Más adelante la EPH volvió a estar disponible), la debilidad expositiva oficial sobre las transformaciones internas y la sostenida morosidad en el flujo informativo con el consejo de asesores. A la vez, se mencionó la existencia de intensas internas políticas, gremiales y personales que profundizaron la crisis del Instituto. No se ignoró que hubo reacciones porque se afectaron algunos kioscos de tráfico de datos que complementaban el salario de responsables de áreas. Todo este proceso traumático en el Indec castigó mucho más a la palabra oficial dilapidando su legitimidad que el funcionamiento de la economía, que pese a todo coordinó la indexación de sus principales variables sin provocar desórdenes macroeconómicos descartando el IPC del Instituto.
Esta historia no es completa, y el principal responsable de que no lo sea es el propio Gobierno debido a las debilidades que muestra para emprender un necesario sendero de recuperación de la credibilidad del Indec. Sin embargo, resulta importante avanzar en ese desafío. Para ello el análisis sobre la calidad de las estadísticas que dominan el espacio público debe ser integral. Existe bastante coincidencia en el mundo académico acerca de exigir rigurosidad, precisión metodológica y aclaración sobre el tipo de relevamiento y estructura de encuestas de los indicadores oficiales. Este obvio y necesario reclamo en cambio es absolutamente ignorado en relación con las estadísticas elaboradas por consultoras privadas. Estas no están obligadas a reunir estándares de excelencia ni estrictos criterios científicos. Pero si ése es el nivel de exigencia habitual, es un despropósito que se hayan instalado como “la verdad estadística” en contraposición a los índices del Indec. Más aún cuando esas consultoras reúnen las siguientes características: la calidad de las estadísticas que preparan son mediocres, no se conoce la metodología aplicada para elaborar indicadores, no pueden mostrar la apertura de la muestra porque carecen de ella y no poseen equipos de encuestadores para construir un índice de precios consistente. En cualquier otra circunstancia de normalidad del sistema público de estadísticas, ni hubieran sido consideradas. Incluso ahora se requiere de firmes convicciones políticas que inhiben la rigurosidad intelectual, que varios demuestran en forma militante, para considerar correctas estimaciones de precios 2010 que oscilan del 25 al 40 por ciento anual. Como se sabe, existe un problema de precios en el rubro alimentos y bebidas desde hace tres años, pero esto no implica la existencia de un proceso de aumentos generalizados y descontrolados.
La desmesura analítica de las consultoras privadas tiene un componente político-ideológico que las aleja de la posibilidad de construir sólidos indicadores. Intervienen en la actual disputa política donde los grupos conservadores pretenden instalar el estado de miedo en la población por diversas vías. Algunas fueron desmontadas con la fuerza bruta de la fiesta popular del Bicentenario. Otras son más complejas, como el miedo a la inflación que convoca a los peores fantasmas de la inestabilidad económica y el deterioro social. Una potente herramienta para consolidar ese temor es la difusión de índices de precios privados desbocados. Vale insistir con que esa posibilidad fue abonada por el descrédito del Indec, que a esta altura requiere de un certificado de calidad al estilo IRAM para comenzar el proceso de recuperación de su credibilidad.
En esa tarea de construcción de ese miedo económico se suma la debilidad conceptual y de principios de un grupo de docentes de la Facultad de Ciencias Económicas indignado hoy por lo que sucede en el Indec, cuando durante décadas han convivido y silenciado en esa casa de altos estudios con la marginación de profesores por su ideología, atropellos académicos por parte de las autoridades de la facultad, movimientos millonarios de dinero poco transparentes, nichos de negocios y violencia de miembros del centro de estudiantes y con planes de estudios que forman yuppies en lugar de economistas. Las pertinentes observaciones académicas al Indec son imprescindibles. Pero cuando el entusiasmo por intervenir en la disputa política es más fuerte que el aporte técnico, se requiere contar con antecedentes de compromisos que lo respalden, y cualquiera que haya transitado los pasillos de esa facultad sabe que muy pocos pueden exhibirlos.
Una cosa es cuestionar algunos indicadores del Indec y otra muy distinta es otorgar credibilidad a índices que no resisten la mínima prueba de solidez técnica. Ese espacio de “no estadística” provoca un vacío que la ansiedad mediática, la especulación política y el instinto de supervivencia de funcionarios de primer nivel buscan llenar con indicadores privados. Cada uno tiene su motivación para ese comportamiento perturbador, pero no puede ocultarse que se trata de una elección política convalidar la producción estadística de consultoras de la city. Más aún cuando no esconden sus bajos instintos. Estos quedaron expuestos en forma contundente en expresiones de uno de los responsables de Buenos Aires City, agencia de referencia de algunos ministerios, de economistas heterodoxos y de la corriente mediática dominante. Nicolás Salvatore, de Buenos Aires City, escribió en su muro de Facebook (perfil público) el 26 de abril a las 8.41 horas: “Este gobierno termina con el mundial, es motivo de celebración. la inflación es un fuego santo, purificador, que incendiará a todo el kirchnerismo en la hoguera. Brindo por Phi (inflación esperada) esperado!! Y no solo brindo, me voy a encargar, como todos los meses, de que Phi esperado sea alto, muy alto, recontra alto, como diría el finado Guido Di Tella”.
Esta declaración de intenciones tiene la virtud de la sinceridad, cualidad no imitada por el resto de sus colegas, que se dedican a conjeturar el índice de precios aunque desean lo mismo que ese economista. A propósito, para no seguir contribuyendo a la confusión general, funcionarios y comunicadores sociales tienen a disposición una nota oficial que desmiente que Buenos Aires City sea un centro de investigación de la Facultad de Ciencias Económicas, atributo que se asignaba erróneamente. En esa agencia también participa la ex directora del IPC del Indec Graciela Bevacqua. En lo que sí coinciden unos y otros especialistas de indicadores de precios a la carta es en ocultar que trabajan como asesores de diversas fuerzas políticas que aspiran a ser gobierno. Como se sabe, en esa instancia, los anhelos personales se confunden con la exigencia de realizar estudios serios sobre la realidad económica e indicadores estadísticos. Esto ha quedado en evidencia en más de una oportunidad a lo largo de estos años, con la conmovedora persistencia de esos economistas de la city en elaborar diagnósticos equivocados y, por lo tanto, proponer recetas de medidas que mostraron fracasar.
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A partir de una investigación que consta de 26.000 fojas, realizada por una comisión investigadora constituida al efecto, la mandataria denunció la apropiación ilegal de la papelera, en 1976, por parte de los accionistas privados Clarín, La Nación y La Razón en connivencia con los responsables de la última dictadura militar. Fernández de Kirchner instruyó al procurador del Tesoro, Joaquín Da Rocha, y al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, a presentar las demandas judiciales que correspondan. “Después de leer este informe, me quedó un sabor amargo y la certeza de que existe un poder que está por encima de la primera magistratura. Desde hace décadas que existe un poder que intenta subordinar al Estado a sus intereses. Esto lo pude ver en todo el expediente. Lamento decirle a ese poder que no seré funcional a sus intereses”, manifestó la Presidenta, en un claro mensaje hacia las empresas involucradas dentro del informe. Por otro lado, la mandataria anunció que enviará al Parlamento un proyecto de ley para crear un nuevo marco regulatorio para la producción, distribución y comercialización del papel para diarios, declarando esta actividad como un servicio público.
“En un editorial del domingo pasado, Clarín publicó que ‘el Gobierno avanza en Papel Prensa para controlar la palabra impresa’. En abogacía tenemos un dicho, a confesión de partes, relevo de pruebas. O lo que en psicología se llama proyección. Uno infiere que quien controla el papel, controla la palabra. Papel Prensa (cuyos accionistas mayoritarios son Clarín y La Nación) es una empresa monopólica. Por eso coincido con lo que dice el multimedio”, afirmó, con ironía, Fernández de Kirchner.
La segunda denuncia de la Presidenta estuvo relacionada con un pacto de sindicalización, firmado por Héctor Magnetto, BartoloméMitre y Patricio Peralta Ramos. “Era el corazón de la toma de decisiones dentro de Papel Prensa. Se comprometían a actuar en conjunto, a tener siempre la misma posición y lo más grave de todo, no podían adoptar medidas que perjudicaran a ninguna de las empresas controlantes”, argumentó Fernández de Kirchner.

A partir de este “pacto de sindicalización”, el Estado denunció que Papel Prensa le cobraba un precio diferencial a sus accionistas privados, en detrimento de los diarios del interior. Este pacto fue comunicado a la CNV recién este año. De todas maneras, el Ejecutivo encontró pruebas de su existencia en la Inspección General de Justicia, dentro del expediente sobre la quiebra de La Razón.
Para evitar un nuevo “pacto”, el Ejecutivo enviará al Congreso un proyecto para declarar como servicio público la producción, distribución y comercialización del papel para diarios. El objetivo central de esta normativa buscará darle un trato igualitario a todos los diarios del país. A su vez, buscará ampliar la capacidad de producción de Papel Prensa para que no haya más importación. Con esta jugada, la Presidenta obligará a todo el arco opositor a discutir sobre un proyecto esencial “para la libertad de prensa”, tal como fue definido por la propia mandataria. También se propondrá la creación de una comisión bicameral de control.

“Con la Justicia por un lado, y el Parlamento por el otro, estamos confiados en que la democracia pueda pasar esta prueba. Queremos una democracia sin tutelaje y una sociedad sin miedo”, concluyó la mandataria.





























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ECONOMIA › TEMAS DE DEBATE: QUE SE ENSEÑA EN LAS CARRERAS DE ECONOMIA
El mundo bajo el prisma neoclásico
En el escenario nacional, resulta difícil encontrar un cuerpo consistente de programas de estudios que se caractericen por su amplitud y pluralidad. Por lo general, predomina una lógica de abordaje de “sentido común” vinculada con la escuela ortodoxa.
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Crisis de identidad
Por Leandro Marcelo Bona *
El advenimiento de la crisis que atraviesa el mundo desde hace más de dos años ha ratificado las dificultades que enfrentan las teorías económicas más difundidas para abordar este concepto. Exponentes del neoliberalismo y el neokeynesianismo identificaron el problema en el sector financiero, hecho que se puso en discusión en la reciente cumbre del G-20.
La noción de crisis asume un carácter exógeno o de “desvío del equilibrio” para la ortodoxia. Esto se sintetiza en la llamada teoría del Ciclo Real de Negocios, que entiende que las crisis surgen por efecto de shocks (siendo incapaces de describir la dinámica de los mismos) o bien en las denominadas Crisis de Primera, Segunda y Tercera generación, que hacen hincapié en ciertos condicionantes del sendero de crecimiento de una economía, y donde buena parte del cuerpo de sus argumentos está previamente esquematizado en heroicos supuestos de carácter irreal. La crisis, entonces, se define implícitamente como un “fenómeno” coyuntural posiblemente desconectado de las formas que encuentra el capital para recrearse y desarrollarse. De ahí que las posibles soluciones a las mismas se resuman, por ejemplo, en una nueva regulación de los mercados financieros para la crisis vigente.
A pesar de la sistematicidad de las crisis a lo largo y a lo ancho del mundo, y hacia delante y atrás en la historia de los últimos dos siglos, los exponentes de las líneas argumentales dominantes no ponen el acento en el posible carácter estructural o inherente a la lógica del capitalismo del surgimiento de las crisis. Para escuelas como la marxista, la estructuralista, la regulacionista y para algunos enfoques poskeynesianos, el concepto de crisis surge más bien como un modus operandi del capitalismo en su fase de reacomodamiento de ganancias y eliminación de competidores, en un proceso de concentración que no tarda en evidenciarse en la distribución del ingreso a escala planetaria.
Nuestro país ha sido un inmenso laboratorio de diversas y múltiples crisis durante toda su historia. Sin embargo, a pesar de estas innumerables experiencias, la formación en nuestros centros de estudios y fundamentalmente universidades, continúa divorciada de las visiones heterodoxas previamente mencionadas. Se trata de una paradoja de mayúscula envergadura: en uno de los países de mayor volatilidad y crisis recurrentes, la formación de economistas está desvinculada de su historia y sustentada en una única e importada cosmovisión de la ciencia económica. Esta realidad debe entenderse no sólo como un fenómeno limitado al campo del análisis de las crisis, sino como una problemática universal del conjunto de fundamentos estudiados en las carreras de Economía en las distintas facultades del país.
En el escenario nacional, resulta difícil encontrar un cuerpo consistente de programas de estudios que se caractericen por su amplitud y pluralidad. ¿Cuáles son las razones? En el comunicado elaborado por el Encuentro Nacional de discusión sobre Planes de Estudios de las Carreras de Economía (formado por estudiantes, docentes y graduados que organizan las Jornadas de Economía Crítica) se destacaba, entre otras cosas:
- La prácticamente nula cantidad de docentes con formación plural.
- La suscripción a una lógica de abordaje de la ciencia económica de “sentido común” vinculada con la escuela neoclásica u ortodoxa.
- La formación está apoyada (casi) únicamente en manuales que “edulcoran” y tamizan discusiones visiblemente más ricas en las obras originales.
- El escaso vínculo con otras ciencias, especialmente de índole social. En este sentido, se asocia a la ciencia económica con el campo de las ciencias duras.
A estas problemáticas, que reflejan las falencias propias del conjunto de nuestras universidades, se le debe incorporar una premisa fundamental que les da un sustento coherente: el rol político que tiene la formación de un profesional y, en este caso, el de un economista. La voluntad que han encontrado los exponentes de la heterodoxia para dotar de pluralidad a nuestras carreras más de una vez ha tropezado con los condicionantes políticos que promueven un modelo de formación sujeto a los intereses de ciertos sectores. Ejemplos de esto son el cierre de carreras de formación amplia, la expulsión y discriminación de profesores heterodoxos y la avanzada por reducir contenidos en el grado para llevarlos a los posgrados, a lo largo de los últimos cuarenta años.
Una vez más, una crisis pone de relieve la discusión sobre la formación de nuestras carreras. Mientras no se prospere en este debate, en las facultades se seguirá aprendiendo que con una tenue regulación financiera blindaremos a la economía de las futuras crisis. Hasta que surja una nueva.
* Estudiante de la Lic. en Economía (UNLP). Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social (Cecso).
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El modelo Crusoe
Por Mercedes D’Alessandro *
Los planes de estudios de las carreras de economía vigentes en la mayoría de las universidades (con honrosas excepciones) responden a un esquema de pensamiento neoclásico, neoliberal, que considera que el objetivo del economista es “administrar recursos escasos para satisfacer fines múltiples”. Esa es la definición de economía que se estudia en los libros de texto. Este fin se logra maximizando el placer de los individuos a través del consumo de bienes y maximizando la ganancia de la empresa a través de la mejor combinación de factores productivos. Se utilizan modelos en donde se supone que toda la sociedad es equivalente a analizar a un solo individuo en una isla, un Robinson Crusoe, y que la producción social entera es asimilable a su producción: los cocos que obtiene de la palmera que crece en su islita. Esto que parece un cuento de niños, complejizado en fórmulas matemáticas, estadísticas y econométricas, es lo que se estudia en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
Cuando se lo comento a amigos fuera del ámbito de la academia se sorprenden, les suena a una caricaturización de la cosa, hasta una exageración. Sin embargo, es lo que estudiamos y enseñamos en las carreras de economía. Esta caricatura sirve para discutir si el mercado es el mejor asignador de los recursos sociales, o lo es el Estado, si éste debe intervenir o no en los movimientos de las variables económicas, de qué manera. Esta visión de la economía tiene un sesgo ideológico muy pronunciado. Por una parte nos muestra un esquema de pensamiento en donde no hay conflicto de intereses. Este Robinson Crusoe es el trabajador, el capitalista, el dueño de la isla, ¡todo junto! ¿Cómo podría esta concepción explicarnos un piquete, un cacerolazo, cómo daría cuenta de los conflictos de distribución de ingreso que observamos en nuestro país a diario? No obstante, es la visión predominante y todo el fixture de materias se organiza en esta línea. Apenas se le dedican un par de asignaturas a analizar la estructura económica y social de nuestro país, o bien, la historia de sus políticas o procesos económicos. Ni hablar de Latinoamérica o sus autores, o teorías alternativas que explican los fenómenos económicos en vinculación con la política. Existen profesores desde luego que incorporan otras lecturas, sin embargo al no reflejarse en el plan de estudios oficial, hace que ellos mismos queden en offside constantemente desarrollando temas que no están en los programas, y que terminan superponiéndose y dándose de manera superficial.
Por otra parte, el enfoque tradicional entiende a la economía como una ciencia neutral, ajena a las cuestiones políticas, que plantea leyes económicas que parecieran imponerse al mundo como la ley de gravedad a los cuerpos, sin que medie ningún tipo de voluntad. Esta visión es un poco naïf si pensamos en la economía real: ¿el economista está fuera del mundo, desligado de intereses económicos, políticos y sociales? ¿Nosotros mismos lo estamos?
Pero entonces la cuestión es ¿qué es lo que esperamos de la universidad, qué espera la sociedad de ella? ¿Esperamos que forme científicos, políticos que busquen soluciones a los problemas que enfrentamos diariamente? O simplemente esperamos que forme trabajadores que atiendan las demandas de empresas privadas que buscan sostener sus niveles de ganancia a costa de salarios bajos, y sin ningún tipo de relación con ese ideal de una sociedad mejor para todos, inclusiva, etc.
Más allá de esta demanda, lo cierto es que docentes y estudiantes son los que llevan adelante el proceso de producción de conocimiento (científico) económico, y esto no es independiente de las decisiones que se toman por fuera del ámbito universitario. Si el ministro de Economía de turno o el gobierno, no aumentan el presupuesto de la universidad, la estructura ad honorem con la que funciona la mayor parte de la UBA tampoco permite desarrollar una carrera con carácter científico, crítico, generar investigación independiente. Si no hay salarios para todos, los que hay son bajos y las becas escasean, no hay incentivos para que el estudiante pueda proyectar una actividad académica.
Gran parte de los estudiantes está pidiéndole a la universidad lo que ella le está dando: una formación profesional para salir a trabajar (aunque con un título devaluado y con maestrías pagas). Otros (y los mismos) le piden algo que no les está dando: herramientas para solucionar el mundo, para solucionar los problemas de la pobreza, desocupación, etc. Lo que produce la universidad es conocimiento, el problema es al servicio de quién está puesto este conocimiento y cómo podemos hacer para apropiarnos realmente de él. No quisiera pintar al economista como el héroe que podrá salvarnos de las miserias que nos generamos, simplemente plantear que si esperamos colaboración en esta área de la ciencia, tenemos que replantearnos ¿qué se estudia en economía, y cómo se adapta la carrera a las necesidades sociales?
* Economista Facultad de Ciencias Económicas-UBA.
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"Concentración económica, formadores de precios y puja distributiva: la dimensión política de la inflación"

Miércoles 16 de Junio 21:00 hs
Salón de usos múltiples (SUM) 1er piso
Facultad de Ciencias Económicas UBA

Guillermo Wierzba (Economista, Director del Cefid-AR (Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina) y docente FCE-UBA)

Juan Santiago Fraschina (Economista, integrante del GEENaP (Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular, investigador y docente de la UBA)

Organizan: La Quinquenal y Juventud Carta Abierta




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Quizás haya sido el clima pre-mundial habitando en el aire, no lo sabemos, pero lo cierto es que durante los festejos del Bicentenario la mayoría de la sociedad argentina volvió a estar unida. Unida como hace mucho tiempo no lo estaba.
Pasaron cosas insólitas, como poner TN y que se hable bien de un acto organizado por el gobierno, o que la selección del Diego ganó, gustó y goleó. Particularidades de un Bicentenario, bienvenido sea, que brindó un impass en la tensión social con la que ya estamos acostumbrados a convivir diariamente.
El malestar, fogoneado desde los medios, que cierto sector de la sociedad había manifestado en las semanas previas a los festejos se rindió rápidamente ante la sublime celebración.
Las críticas por el feriado del 24 (¿cómo se entiende que el pueblo trabajador se queje de que le den un feriado por los preparativos para la fiesta patria más grande de los últimos 200 años?) y el fastidio de los tacheros ultrafanáticos de Radio 10 por los cortes en la Av. 9 de Julio, se evaporaron para sumarse a la fiesta popular.
Hubo excepciones, por supuesto. Mauricio Macri, convirtió la reinauguración del Teatro Colón en un acto político del PRO, negando a la vez, los derechos de transmisión del mismo a la Televisión Pública. Pero ni siquiera esta chicana política del Mauri (una más y van…) pudo empañar los festejos del Bicentenario, que representaron una verdadera fiesta popular. Y las fiestas populares, las verdaderas fiestas, no saben de ideologías ni partidismos, son de todos.
La gente se movilizó masivamente, colmando todos y cada uno de los muy diversos actos, actividades y eventos culturales propuestos por el Gobierno Nacional, y desterrando con su presencia esa idea de “odio visceral” hacia el oficialismo que algunos sectores políticos y mediáticos se empeñan en instaurar.
En definitiva, el Bicentenario nos devolvió a los argentinos un poquito de ese orgullo nacional tan bastardeado en los últimos tiempos. Nos devolvió la alegría, esa que algunos pocos nos quieren sacar, porque una sociedad enojada es más susceptible de ser manipulada.
Sería muy importante poder comprender que esa alegría no nos es dada sino que es nuestra, es parte del patrimonio del pueblo. No necesitamos un Bicentenario ni ganar la Copa del Mundo para poder unirnos y festejar. Somos libres de hacerlo cuando queramos.
No dejemos que nos quiten la alegría ni la esperanza. No seamos peones en un juego de ajedrez entre grandes sectores de poder con intereses que en nada coinciden con los del pueblo.
Entendamos que de nuestro aporte, sí, del de cada uno de nosotros, depende la construcción de un país con un modelo de inclusión donde cada vez se reduzca más la brecha entre los que más y los que menos tienen, donde se respeten los derechos humanos y exista la justicia social.
En este Bicentenario vale la pena hacer memoria. Pero no sólo para acordarse de las proezas de San Martín, Belgrano, Moreno y Castelli. Sino también para pensar acerca de la coyuntura histórica que nos toca vivir, como argentinos y como latinoamericanos. Estamos ante la fantástica oportunidad de que sea, de una vez por todas, el pueblo en su máxima expresión quien escriba realmente las páginas de la historia.


Después de muchos años de desilusiones, por fin el clamor popular ha encontrado en el Gobierno Nacional un interlocutor válido que atiende a sus demandas y, no sin cometer errores, trabaja en pos de incluir a los sectores populares que fueron los más lastimados y marginados por años y años de crudas políticas neoliberales y gobiernos para unos pocos.
Sólo conociendo y recordando el pasado podremos comprender el presente, para así lograr construir entre todos un futuro mejor y más digno para nuestro pueblo. La situación actual puede ser una “primavera” en la historia de nuestro país a recordar con nostalgia, o el comienzo de un proceso de cambio cada vez más profundo que nos lleve a construir esa Argentina de la igualdad y la inclusión social que tanto anhelamos. De nosotros depende!