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CON LOS ESTUDIANTES NO, PIÑERA.
La salvaje represión a los estudiantes que se manifiestan por la educación chilena encuentra sus raíces en el modelo económico planteado por Sebastián Piñera. En la actualidad, más del 50% de los chilenos tienen serios problemas con su ingreso y resulta un tema acallado totalmente por nuestros medios hegemónicos de comunicación y dirigentes de la oposición, los cuales venden y felicitan el modelo "Piñerista" que bien podría tener como slogan un “JUNTOS CON SEBASTIÁN VENIMOS BIEN”
El modelo educativo chileno gira en torno de la lógica del lucro, ése es su eje central: se estima que cada estudiante se gradúa con una deuda promedio de 40 mil dólares. Los compañeros estudiantes del país hermano plantean como una de las críticas más fuertes que este modelo de educación aumenta las desigualdades sociales. Los jóvenes con mayor poder adquisitivo estudian en las mejores universidades y los pobres, en las peores condiciones. Y, si hablamos en términos porcentuales - nosotros que somos económicos -, la realidad nos muestra que, por otro lado, el 40% de los estudiantes que no termina la universidad queda endeudado y, de los que logran completar sus estudios, el 60% no trabaja de lo que estudió.
Además, el ingreso a una carrera universitaria depende de una ponderación realizada entre las calificaciones de la enseñanza media y de cada una de las cuatro pruebas PSU (Prueba de Selección Universitaria), que se deben rendir para postular a una carrera. Sin embargo, el puntaje obtenido en la PSU es el que tiene más peso y define el ingreso a las universidades tradicionales. Sólo los que obtuvieron mejores puntuaciones en la PSU son los que finalmente tendrán la posibilidad de ingresar a la facultad, ya que los cupos son limitados para cada carrera. Si tenemos en cuenta que una gran parte de estos estudiantes que rinden dicha prueba proviene de la educación pública, que ésta se encuentra precarizada, que apenas se puede financiar, que tiene malas condiciones laborales para los profesores y que muchas veces mantiene hacinados a los alumnos, podremos entender por qué estos estudiantes están en completa desventaja con los que se formaron en escuelas privadas o subvencionadas. De esta forma, miles de estudiantes que, luego de obtener resultados por debajo de lo necesario para postular a cualquier carrera, deben volcarse a las instituciones de educación superior privadas (generalmente institutos de formación técnica) de calidad académica inferior y se verán obligados a pagar altos aranceles a costa de créditos con altos intereses (con respaldo estatal o, peor aún, con el de las mismas universidades) y sin ninguna garantía.

Hoy, los estudiantes chilenos retoman reclamos históricos y quieren ser parte de esta Latinoamérica integrada, de conquistas sociales, de inclusión, de apuesta por un futuro de igualdad. Levantan las banderas que nunca dejaron de flamear, las de las luchas de sus mejores cuadros, con la imagen y el pensamiento de Salvador Allende, seguramente en sus mentes al momento de marchar y de luchar por sus derechos y sueños de un país más justo.
Desde Argentina los estudiantes nos solidarizamos con los compañeros hermanos y exigimos la constitución de un sistema público, donde la educación sea un derecho asegurado por el Estado chileno, un sistema de educación pública con gratuidad para todos los niveles garantizada por ley. Los recursos existen, Piñera no puede desconocer el reclamo concreto del pueblo, de los estudiantes y el agotamiento del neoliberalismo como única forma de la economía, la política y la cultura. Esta situación debe ser un punto de inflexión: la lucha y el compromiso con la educación pública, no deben claudicar y el futuro educativo de los hermanos estudiantes chilenos será el que todos queremos para Latinoamérica: GRATUITO, IGUALITARIO e INCLUSIVO.

POR TODO ESTO, HOY MÁS QUE NUNCA LOS ESTUDIANTES LATINOAMERICANOS CAMINAMOS JUNTOS. NUNCA MENOS, CHILE!
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AULA 45 - PABELLON II - SEDE PATERNAL (Av. San Martín 4453 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires)
Colectivos: Lineas 47, 78, 80, 87, 105, 108, 111, 113, 133, 146, 57




El telefilme Belgrano se centra en los últimos diez años de vida del creador de la bandera argentina.
En 1810 Manuel Belgrano cree que es posible reemplazar la autoridad real --la de Fernando VII prisionero de las tropas napoleónicas-- por la de una comunidad de hombres virtuosos que, identificados con la Patria, interpreten con fluidez al Pueblo.
Esta convicción guía la práctica política y militar de Belgrano, que lo muestra animado y confiado. Luego llegarán las batallas ganadas, las derrotas, el desencanto, la indisciplina, y el replanteo permanente de sus fuerzas y de sus aptitudes para continuar con la gesta.
Este telefilme cuenta cómo la vida personal de Belgrano quedó rezagada a su vida pública y cómo su virtud patriótica lo obligó a postergar lo privado, sinónimo de pasión individual. Por eso sus amores ocuparon un segundo lugar, recatado, un tanto invisible a los ojos de los demás.
El final, ineludible, termina por resolverse en su cuerpo, espacio privado por excelencia, pero que también parece ser la metáfora de cierta decepción política en aquellos años de la Revolución.